Actográfica II: otras historias

de niña fui el jardín más bello.
campo, pueblo, salinas. tormentas de viento y estados de inmenso miedo y sublime estar.
tres hermanos varones y una familia que viaja.
muchas casas a habitar, muchos cambios.
fosas, aljibes, molinos, un caballo y miles de perros que andaban sueltos.
una nona que antes de dormir nos daba una barra de chocolate amargo a cada uno.
nunca se me ocurrió ser bailarina.
a veces practico en la ciudad mirar un punto muy distante, muy lejano
en ese momento siento que ejecito y recupero una forma de ver que asocio con mi infancia.
mirar un poco más allá, más profundamente.
me gusta mirar a la distancia.

quio binetti

paradójicamente, porque la forma de danza que enseño desde hace años se basa en el dúo, la curiosidad y la vida me pusieron a investigar en el solo. y aquí sigo, haciéndome cargo, gustosa y penosamente a la vez.
siempre pienso “ésta es la última vez que bailo en público”, y aquí estoy, reincidiendo. siempre algo o alguien me hace volver.

algo hay entonces en la contradicción, que definitivamente tengo que aceptar que me encanta.

vanina goldstein
una de las cosas que me ha apasionado es la relación intensa que he tenido con mi madre; quizás en ella he podido comprender lo irracional y lo consistente de la vida, de lo que produce el acercamiento hacia eso que parece dramático, melancólico o bipolárico.
de niño la soledad fue el aliado mas apasionante que puede haber tenido junto a mis autitos de carrera, las pistas de tierra mojada, los puentes de maderitas cortadas a mano y de los tradicionales suspensores que ajustaban mis pantalones. a veces, ya cuando mis “mechas de clavo” eran tan rebeldes, hasta un huevo en la cabeza podía domar este negro y rebelde cabello que me queda por tradición.

en estos días, lo único que no quito de mi cabeza y de mis sentidos, es el olor a la palta, el tomate y la mayonesa casera de los cumpleaños de niñez y de las mesas cubiertas por manteles de plásticos, junto a es buen pedazo de torta casera que hacían las tías de la casa del lado.

 joel inzunza leal

por mi parte, junto todo mi imaginario y con un pianito de fondo me lo llevo envuelto a pasear, lo abrazo fuerte y lo balanceo de un lado a otro, sonriente. es mío, mio, mio. es una de las pocas certezas, es la verdad indiscutible. está adentro, es intangible, sólo se puede acudir a él siendo quien haya gestado, alimentado, acumulado una cosa arriba de la otra.
si fuera animal sería pajarito.
jimena perez salerno
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